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miércoles, 26 de febrero de 2014

7. Pasan los días

Capítulo 7: Miércoles Po'

  Un par de minutos despúes, la misma noche del sillón, volvió Luisa con unas cobijas y almohadas. "Corramos la mesita y nos acostamos en el piso" dijo Luisa mientras me miraba sonriendo. Me encantó la idea en inmediatamente la ayudé a acomodar las cosas, nos hicimos una cómoda "cama" sobre la alfombra del living. No era un colchón muy cómodo, pero dormir una vez más abrazados valía todas las penas. A la mañana siguiente, luego de ordenar y comer algo, nos despedimos sin querer soltarnos.

  Pasaron los días y las conversaciones por facebook y twitter. Cada noche después de esa quedó un vacío en nuestros brazos que sabíamos que solo podíamos llenar estando juntos y no dudamos en decírnos cada día, a cada rato, que estábamos enviciados con esta química que se había generado entre nosotros. Y en estas conversaciones por el chat de facebook, los stickers empezaron a ser recurrentes. Ella con los conejitos y yo con los monos, nos decíamos todo con esos graciosos dibujitos.

  Así nos fuimos conociendo de a poco y mientras ella me contaba de su vida en Tijuana, sus logros, su trabajo, sus hobbies; así yo fui contándole de los míos. En ese tiempo con el Mato y el Titi estábamos trabajando en un canal de Youtube llamado De Lunes A Viernes (más conocido como DLAV), que era nuestro canal de videojuegos. En una de nuestras reuniones creativas decidimos comer "tacos", que en Chile es sinónimo de tortillas de harina con cualquier cosa dentro en forma de burrito o wrap. En ese momento pensé que podía hacerme el lindo diciéndole "mira, estamos comiendo cosas de tu país". Más tarde iba a aprender de una hermosa mexicana que todo lo que acá conocemos como "comida mexicana" es una farsa de proporciones.

  Así fui abriendome más con Luisa, mostrándole cada vez más mi lado nerd. Pero si había una cosa que teníamos en común era la programación, por lo que no dudé en usarlo a mi favor. Hice un pequeño programa para ella y estaba ansioso de mostrárselo. Así que uno de los días en que nos vimos, llevé mi laptop y se lo mostré. Era muy simple, la verdad. Cada un segundo salía un texto que decía que Pato le daba un beso a Luisa y que la felicidad de Luisa aumentaba y tenía un contador. La verdad, solo se rió, pero le gustó. Fue después, cuando le contó a sus amigos, que reconocieron en mi obra algo muy lindo y tierno.

  Ese mismo día, por estar perdido en el tiempo, se me hizo tarde y tuve que correr al metro para volver a mi casa. Llegué, la puerta estaba abierta, bajé las escaleras y al llegar abajo el guardia me dijo que no, que para el lado que yo iba ya no pasaban trenes. Así que, cabeza abajo pero con una sonrisa, volví al departamento de Luisa para pasar otra noche juntos. Y una vez más abrazados en el sillón, esta vez Luisa sí fue a dormir a su cama y, cuando le di las buenas noches le dije por primera vez "te quiero", sin tener la respuesta que esperaba. Pero al otro día, ya en la tarde, encontré lo que quería en un tweet de Luisa que decía "yo también".

  Unos días después, Luisa me invitó a un evento que sería el miércoles, una fiesta para los extranjeros en Chile llamada Miércoles Po', producida por la Comunidad Po', que es la empresa que se dedica a hacer esta fiesta todos los miércoles, con distintas temáticas y en distintos lugares, además de paseos y otras cosas con el sello Po'. Para yo, un chileno cualquiera, pudiese entrar sin tener que pagar doce lucas, tenía que ser inscrito en una lista especial y entrar antes de las doce de la noche. Luisa tenía un pre en casa de unas amigas, por lo que decidimos juntarnos ahí para luego ir a la fiesta. Así que al legar el día, aunque un poco tarde, legué al pre en la calle Monjitas, en la terraza de un alto edificio desde donde se veía Santiago de noche. Ahí estaba Luisa, con un montón de gente que no conocía. La verdad, había ido solo porque no aguantaba las ganas de estar con ella. Así que me robé un par de piscolas y entré en conversación como si fuese uno más de los extranjeros que llenaban la azotea.

  Llegado el momento, partimos a la fiesta, pero para mi mala suerte y distracción, llegamos tarde. Así que, por más que le pedí a la de la entrada, ya no me dejaron entrar sin pagar las doce lucas. Eso es bastante caro para una fiesta, pero ya estaba ahí y no quería arruinarle la noche a Luisa. Tampoco me iba a devolver con la cola entre las piernas, así que sumando y restando pensé "qué más da" y pagué los doce mil pesos y entré.

  El lugar estaba lleno de punta a punta, lo que era bastante decir porque era bien amplio. Así que luego de dejar mi chaqueta con todas nuestras cosas en guardarropía, fuimos a bailar. La entrada venía con un cover, por lo que fui inmediatamente a la barra a buscarme un trago y luego de bajármelo, fui al grupito donde estaba Luisa bailando con sus amigos. Por suerte, para mi, no era reguetton, porque siendo sincero, nunca me ha gustado, de hecho antes no lo soportaba, hasta que me hice a idea de que venía para quedarse un largo tiempo y que no podía evitarlo (además de que al Mato le encanta escuchar reguetton en el auto, en su casa, en el baño, en la calle, etc). Así que ahí estábamos bailando y, por supuesto, yo quería bailar solamente con la mujer por la cual había invertido mis doce lucas. Pero por alguna razón que no comprendía en ese momento, ella no me dejaba. Se escapaba, me negaba y yo no sabía qué pasaba. Por momentos me iba totalmente a otra parte, a la entrada, al baño, a pegarme a la muralla, no me daban ganas de bailar con nadie más que ella. Y así transcurrió la noche y yo preguntándome qué pasaba sin lograr encontrar una respuesta. Al final decidímos irnos de ahí, ya era tarde y había que ir a clases al día siguiente. Así que partimos caminando, porque quedaba a unas cuantas cuadras de la casa de Luisa.

  Al llegar ella me dijo que si quería hablar, que fuéramos al balcón, así que ahí fuimos, nos sentamos y salieron a la luz todas las respuestas que buscaba. Ahí, en el frío de la noche, Luisa me contó de su vida antes de venir a Chile, de su último novio, de que había alguien en Tijuana con el que tenía dudas, que sentía que yo iba demasiado rápido y que no quería nada serio. Todo esto me aclaró las cosas y con las cosas más claras le di mi respuesta: "La verdad, no estoy buscando nada serio tampoco, ahora sé que tienes tus cosas esperándote en Tijuana y que no quieres volver amarrada a nada porque te gusta ser así, libre. Por eso, quizás sí voy muy rápido y es que no quiero perder ningún momento, ningún minuto contigo. Lo único que quiero es pasarlo bien, ser feliz, y si podemos ser felices estos meses juntos y tener algo hermoso, está bien, pero por lo mismo quiero que sea intenso, que nunca te olvides de mi y que yo nunca me ovide de ti. Que cuando vuelvas y te acuerdes de mi, recuerdes al chileno que te hizo feliz y sonrias." Y luego de una pausa en que ambos nos miramos por un largo momento le dije "Yo no te voy a obligar a nada, no quiero amarrarte. Solo tengo un corazón abierto y eso es lo que puedo ofrecerte. Si quieres, puedes vivir esto conmigo, si no, bueno, aún podemos pasarlo bien de vez en cuando." Luisa me miró y las lágrimas que habían sido de tristeza pasaron a ser de emoción, nos abrazamos muy fuerte y nos besamos.

  Luego de eso entramos para al fin escapar del frío y una vez más dormimos juntos, sin saber que lo que habíamos compartido esa noche iba a significar tanto para nosotros.

Continuará...

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Hola :D
¡Al fin otro capitulo! Espero sus comentarios para saber si les gusta como va la historia.
Ya es bastante tarde la verdad, mañana trabajo y quizás dé la prueba para ser garzón. ¡Así que tengo que despertarme a estudiar! Creo que voy a dormir como 5 horas (lo que en México al parecer es lo normal). Así que buenas noches :)

Pato.

PD: 44 días y contando.

martes, 4 de febrero de 2014

5. Carrete donde el Pato, ¡eh!, ¡eh!

Capítulo 5: El carrete

  Era miércoles, había pasado un poco más dos semanas desde que había llegado a Chile y ese día era el carrete en mi departamento que quedó pendiente desde Lima. Ya había avisado a mi papá para que se quedara en su pieza toda la noche, así que solo faltaba hacer un poco de aseo en ese departamento de hombres en el que la limpieza nunca ha sido ni será una prioridad. Había empezado a ordenar tarde porque inicialmente el carrete iba a ser en casa de mi madre y se complicaron las cosas. Ya había ordenado mi pieza, el living, el comedor y estaba pasando la aspiradora para que no se notara tanto la acumulación de polvo bajo los muebles cuando me llega un WhatsApp de Luisa diciendo que estaba en estación Simón Bolívar, que es la que está cerca de mi casa. Le dije que se quedara ahí y me esperara, que la iba a buscar. Entonces salí inmediatamente, dejé todo como estaba y fui por ella.

  Llegue a la estación y ahí estaba ella, medio muerta de frío porque lo único que había traído a Chile eran minifaldas. "¿Hay algún lugar donde comer por aquí?" me dijo Luisa que venía cagada de hambre porque no comía desde el almuerzo. Da la casualidad que cruzando la calle hay un lugar que se llama Chato's donde venden los típicos sándwiches chilenos que hay en todas partes. Fuimos a comer y por primera vez Luisa probó el chucrut, que es repollo fermentado en salmuera, que al final es como repollo al vinagre o algo así. Después de comer y conversar un poco volvimos a salir al frío de Santiago. Le dije que teníamos que ir a comprar algunas cosas primero, así que fuimos a un BigJohn que queda como a una cuadra del condominio (son cuatro edificios juntos) y compramos bebidas, papas fritas y algunas otras cosas para picar. Volvimos y subimos al octavo piso, pero esta vez no hubo un silencio incómodo en el ascensor. Entramos y lo primero que vio al entrar fue la aspiradora frente a la puerta de la cocina tal como la había dejado. "Em, disculpa, es que estaba limpiando un poco antes de que llegaran" le dije mientras la guardaba. Recuerdo que solamente se rió y me dijo que no importaba. Dejamos las cosas en la mesa y fuimos a mi habitación.

  Mientras ella se entretenía con mis libros, estatuillas, y monos varios que tengo por ahí, yo buscaba algo que mostrarle de mis cursos de programación. Ya que era uno de los temas que más teníamos en común hasta el momento, quise mostrarle lo que era capaz de hacer. Pero lamentablemente no los tenía ahí, no me acordaba que para ese entonces ya había cambiado mi laptop y los programas que había hecho se habían perdido en el tiempo y el espacio. Así que al final le mostré algunos videos de los que hice con mis amigos para Youtube, uno de los cuales estaba editando y tenía que hacer greenscreen y otras cosas.

  Se nos acababan los temas de conversación y las cosas que compartir cuando me llama la Aldu y me dice que ya había llegado, que le abriera la puerta. Así que subió y pasó también a mi pieza, por lo que el silencio awkward nunca llegó. Luego fueron llegando los demás, el Pape con la Vale (que son pololos) y la Nicole. Fuimos todos al comedor y abrimos las primeras cervezas. Así fue transcurriendo la noche, abrimos más copete, hicimos unas pizzas que había comprado con la Luisa, después llegó la María, nos pusimos a escuchar música de muchos años atrás que claramente Luisa no conocía porque era la única que se quedaba callada y se reía mientras el resto nos rajábamos las gargantas emocionados por recordar años pasados. Hasta que pusimos música más internacional y cantamos todos. No recuerdo bien, pero creo que pusimos Luis Miguel.

  Seguía avanzando la noche, ya eran como las 5 de la mañana y algunos se habían ido a dormir a mi pieza. Quedábamos Luisa, María, Pape y yo en el living, ya estábamos muy borrachos y escuchábamos Michael Jackson por Youtube. De izquierda a derecha frente al laptop estábamos María y yo sentados en sillas, luego Luisa sentasa al lado mío en el piso junto a la estufa eléctrica y Pape estaba en alguna parte sentado de alguna forma que no logro acordarme. Ya había hablado con María, mi mejor amiga, de que me gustaba Luisa, entonces en ese momento empezó a azuzarme.
- Pato, dale, es tu oportunidad - decía mientras me golpeaba con el codo.
- No, espera un poco, estamos viendo al Rey del Pop.
- Weon, déjate de webear y agárratela.
- Oh, que webiai. Espérate.
- ¡No! ¡Ahora!
- Aaagh ya.
Y me lancé a la vida. La verdad no había calculado nada, solo pensaba "qué es lo peor que puede pasar", así que no consideré que aquel giro rápido hacia mi derecha iba a hacer que casi cayera sobre Luisa y que fallara mi beso teledirigido. La pillé desprevenida, pero apenas se dio cuenta de lo que pasaba no tardó en corresponder a mi beso sorpresivo.

  Apenas comenzamos a besarnos sentí cómo Pape y María escapaban a toda velocidad de ahí, lo que me dio un poco de risa nerviosa. Afortunadamente, eso no nos detuvo ni a Luisa ni a mi, que, como lo dije alguna vez, parecía que nos tuviesen amarrados y en ese momento se hubiesen roto las cuerdas que nos separaban. No voy a entrar en detalles, pero la pasión de ese momento superó totalmente mis expectativas. Así que ahí nos quedamos, en el sillón del living, hasta que sentí que había llegado un WhatsApp a mi teléfono. La única explicación es que mis amigos necesitaban algo, por lo que fui a revisar y sí, Pape se tenía que ir, así que me estaba pidiendo permiso para pasar por donde estábamos. Junto con risas nos despedimos de él y una vez que se fue nos sentamos a la mesa y tomamos algo no alcohólico para variar un poco. "¿Estoy muy borracho, o está temblando?" dije y Luisa me miró con cara de no saber qué pasaba.Y ahí estábamos, preguntándonos si fue o no temblor, cuando vimos asomarse a María y Nicole por el pasillo que daba a mi habitación y volver entre risitas por donde habían venido.

  Unos minutos después vino María y nos dijo que hiciéramos un cambio de locación, que los de mi pieza vinieran a dormir al Living y que nosotros fueramos a mi pieza. Pensé que nunca iban a atinar a cambiarse con nosotros. Así que, con unas miradas de complicidad mientras nos cruzábamos en el pasillo, quedamos Luisa y yo solos en mi habitación. Nos acostamos en mi cama y, aunque habían animos de seguir con lo que habíamos empezado, el alcohol en mi cuerpo dijo "basta" y a dormir se ha dicho.

  Así que esa fue nuestra primera noche juntos, ambos durmiendo en una cama de resortes gastados por el tiempo, borrachos de alcohol y sueño, sin saber lo que acababa de comenzar entre nosotros.


Continuará...



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Hola, aquí está el capítulo prometido. Un poco tarde, pero ya está :)
Debo decir que estuve a punto de aplazarlo otra vez, pero una promesa es una promesa, así que ya, ahí lo tienen.
Gracias por leer, saber que tengo lectores y lectoras hace que me guste aún más escribir esta historia.
Así que si tienen comentarios o quieren compartirlo por facebook o twitter o lo que quieran, siéntanse libres de hacerlo.
Ahora algunas actualizaciones de mis días sin Luisa:
1. No fuimos al dentista con mi mamá, cueck.
2. Pero no por eso fue un día perdido, fui al supermercado.
3. Además hice mi CV, falta refinarlo un poco lo de la retícula y qué se yo (eso de la retícula lo aprendí de Luisa :P ¡Gracias amor!).
4. Seguí jugando Tomb Raider, pero luego de ver una guía para encontrar algunos secretos me di cuenta de que me falta mucho para terminarlo. ¡Allá vamos! Todavía me quedan como otros siete por jugar jajaja.

Así que eso, espero que les haya gustao este capítulo.
Tengan un buen día, o buena noche, o mejor una buena vida.

Pato.

PD: 67 días y contando.

domingo, 2 de febrero de 2014

Cosas de la vida

Primero que nada, les pido disculpas por no subir hoy la siguiente parte de la historia.
La verdad, fue uno de días en que uno hace planes pero no resultan como uno espera.
Primero, desperté super tarde porque ayer me desvelé y apenas desperté tuve que ir a comprar pollo para el almuerzo. Así que fui con David al almacén que queda cerca de mi casa, pero resulta que el pollo que tenían era una gran bola de carne congelada, por lo que no pudieron venderme. Entonces tuvimos que más lejos, al Jumbo ( que es un supermercado bien grande).
Volvimos, almorzamos y fue tanta la comida que fui a tomar una siesta. Iba a dormir como 45 minutos, pero al final fue como una hora y media.
La cosa es que desperté y me puse a jugar Loadout, un juego que me recomendó el Titi. Después de eso, conversando, me recordó que para navidad me había regalado la colección de Tomb Raider, lo que había olvidado por completo. Así que me puse a jugar al primero. Nunca lo había jugado antes, pero el estilo, las gráficas y la jugabilidad me llevaron un poco a mi niñez.
Dieron las diez de le noche y David partió nuevamente a La Serena, así que nos despedimos y hasta marzo!
Había quedado de ir a carretear donde un amigo, así que después de que se fue el roomie, jugué un rato más y partí al carrete, que era en la casa del Koe.
Ahí estuvimos, conversamos de la vida, de películas, contamos chistes crueles y muchas otras cosas. Y en eso estábamos cuando mi mamá me llama y me dice que ser siente mal, así que aquí estoy, en su casa, escribiendo desde el celular.
Y eso básicamente, lo siento mucho en verdad, yo también quiero seguir escribiendo. Pero bueno, así es la vida.

Gracias por leer.

Pato.

PD: 69 días y contando. Ya pasamos la barrera de los 70 días!!

domingo, 26 de enero de 2014

3. De vuelta en casa

Capítulo 3: A Chile los pasajes

  Eran las doce del día y recién despertaba después de seis horas de sueño. La noche anterior había sido complicada entre nuestro grupo de amigos y terminamos durmiendo nada que ver de como nos habíamos organizado. El desayuno ya había terminado hace rato y con la Aldu no probamos ni un bocado. Recuerdo haber despertado a eso de las diez con la alarma del celular y haberle preguntado a mi nueva compañera de pieza si prefería seguir durmiendo o ir a comer. Claramente dormir en esas camas de plumas francesas era mucho mejor que desayunar. Así que luego de dormir ese par de horas hasta las doce, nos levantamos. Mientras la Aldu se duchaba yo bajé a conversar con la María. En mi camino pensaba en la mala suerte de no haber hecho nada divertido la noche anterior, la mala suerte de no haber podido conocer más a Luisa. Llegué al primer piso y al acercarme a la entrada del hotel la vi a ella y a María cómodamente sentadas en unos sillones conversando. Las saludé y me dijeron que me habían echado de menos en el desayuno, pero luego de explicarles nuestra decisión, lo entendieron.
- Bueno- dijo Luisa- ahora voy a ir a conocer Lima con Tom y un amigo suyo que es peruano. Así que nos vemos a la vuelta.
- Qué entrete- dijo María con un tono que parecía que no le interesaba en ese momento.
- Ya po, nos vemos a lo que vuelvan.
Y se fue. Recuerdo haberme puesto un poco celoso. "Va a pasar todo el día con ese Tom y yo aquí, queriendo acercarme a ella. Ya, perdí la oportunidad. Nada que hacer" pensé. Y salimos con María a conversar hasta que Aldu estuvo lista para el almuerzo.

  Comimos pasta la Aldu y yo. Pape y María iban a bajar después porque habían desayunado a más no poder (era desayuno buffet) e iban a descansar un rato más. Ambos estábamos hambrientos, por lo que pedimos todo lo que nos pudiesen traer. En la televisión estaban mostrando el desfile de fiestas patrias peruanas.
- ¿Qué hacemos? Quedé con ganas de carretear.
- Cachemos si hay algún lugar cerca donde comprar pos, si ayer nos dijeron que había.
- Sí, María me dijo que al frente habían unos almacenes, que había ido con Luisa en la mañana a buscar una farmacia. Parece que ahí venden copete.
- Vamos po, pero me quedan como diez soles no más.
- Filo, hacemos una vaca y compramos entre todos.
Ya habíamos terminado de comer cuando bajaron los dos que faltaban. Le contamos de nuestro plan y estuvieron de acuerdo. Todos habíamos quedado con las ganas y la noche anterior nos tenía a todos queriendo emborracharnos. Así que juntamos soles y partimos a comprar con la Aldu. Cruzamos la calle frente al hotel y fuimos a un par de almacenes preguntando por pisco, la bebida sabor cola que nunca falla y unas cervezas. Ya con nuestro botín volvimos al hotel, subimos al piso nueve y salimos a la terraza. El día estaba nublado y al frente había una banda de bomberos celebrando el día nacional. Empezamos con unas piscolas mientras aún no llegaba la otra dupla. Y fue entonces cuando nos vino a la mente una cosa que nunca habíamos hecho a pesar de que era una de nuestras ideas favoritas: una fiesta de batas. La idea era que, sin esa prenda, no se podía participar en la fiesta. Fuimos corriendo a nuestra habitación por las batas, nos las pusimos y volvimos a salir. Así estábamos, de lo mejor, cuando subieron María y Pape, quienes no tenían bata porque su habitación no las traía. No me acuerdo cómo, pero llegó un momento en que tuvimos que ir a comprar más, entonces juntamos las llaves de las habitaciones y las mezclamos. Aquel que sacara una de las dos llaves de la habitación mía y de la Aldu se ganaba una de las dos batas. Por suerte no perdí la mía cuando salimos a comprar con Pape. Cruzamos, compramos y volvimos. Al llegar a la terraza seguía la conversación sin nosotros y también el carrete, el que se prolongó otro largo rato más hasta que de pronto llegó Luisa.

  Faltaba poco para que llegara el taxi por nosotros y seguíamos bebiendo. Le dimos a probar piscola a nuestra nueva amiga. Al parecer estábamos demasiado curados y no nos dábamos cuenta de lo fuerte que estábamos tomando, porque no le gustó para nada. Y ya que faltaba poco para irnos, con Pape nos fuimos a dar un baño de tina, que fue un plan que teníamos pendiente. Ahí quedaron las tres niñas bebiendo y conversando. "Lo siento niña mexicana, los amigos son primero" pensé mientras caminaba con un pequeño vaivén detrás de Pape. Fuimos a la habitación, quedamos en boxers y cada quien con su Cuzqueña en la mano tuvimos una charla de hombre a hombre en esa tina compartida (en la cual cabíamos los dos sin mucho esfuerzo). Se acabaron nuestras cervezas y eso significaba que era tiempo de prepararnos para ir al aeropuerto. Nos vestimos, arreglamos nuestras cosas y cada quien se despidió por su cuenta de esas maravillosas habitaciones. Bajamos, hicimos el check-out y fuimos a esperar junto al taxi-van que ya había llegado. Nos sentamos en las escaleras del hotel y, como ya estábamos prendidos y teníamos la guitarra, nos pusimos a cantar. Luisa estaba ahí también, solo faltaba Tom, quien estaba solucionando un tema de unas llamadas telefónicas. Lo esperamos bastante tiempo, pero no supimos cuánto fue por lo bien que lo estábamos pasando. Al final nos subimos todos (y me aseguré de subirme al lado de Luisa esta vez) y partimos al aeropuerto.

  Llegamos justos de tiempo y aún seguíamos borrachos. Las niñas fueron a fumarse un último cigarro antes del vuelo y con el Pape entramos directamente a dejar nuestras maletas. No supimos nada más ni de Tom ni de Luisa. No sé cómo lo hicimos, según yo ya se me había pasado un poco lo borracho, pero miraba a Pape tambalearse y sabía que todavía estábamos cocidos como papa. Superamos la prueba de pasar nuestro equipaje, ahora solo faltaba pasar por policía y llegar a nuestro avión. Pero había un problema, ¿dónde están las niñas? Salimos a buscarlas pero no las vimos, volvimos a entrar y no estaban. Las llamamos al celular, nada. Estuvimos como media hora desesperados por no saber si habían pasado o si seguían afuera. Al final entraron, les dijimos que corrieran, pasaron su equipaje y corrimos a policía. Como era de esperarse, pero ninguno de nosotros lo imaginó, había una cantidad enorme de gente. Nos pusimos en dos filas distintas en caso de que una fuese más rápido que la otra y justo la mía y de María fue la elegida, entonces Aldu y Pape se salieron de la suya y se colaron con nosotros.
- Lo siento señor, venimos todos juntos y nuestro vuelo está por salir.
- Y a mi qué me importa, tienen que hacer la fila igual, estamos todos en la misma.
- Es que venimos todos juntos.
- No me importa, tengo mi derecho por haberme puesto en la fila y...
- Es que, ¿le digo algo? Andamos juntos, los cuatro.
El señor seguía manifestándonos su molestia y su derecho de que respetaran su turno. Yo intentaba ser un poco más diplomático, pero me di cuenta de que daba igual, ya se habían colado y la técnica de la Aldu podría ser un poco menos ortodoxa, pero nos daba tiempo. Su forma de lidiar con el señor era básicamente darle el mismo contraargumento, pero introducido de forma distinta, a cada argumento que le daba el caballero. "Pero esque parece que no entiende... Vamos todos juntos", "Espere, es que... andamos juntos, los cuatro", "No, no, es que vamos todos juntos", "Pero señor, si vamos juntos", "Es que... vamos juntos" "Señor, nosotros... venimos juntos". Notable, realmente notable. Al final mi preocupación por el enojo del señor pasó a ser una risotada interna.

  Pasé primero por la cara parca y la inspección visual del policía y estába listo para correr cuando me detiene otro policía y me dice "Señor, acompáñeme. Tengo que hacerle una inspección personal". "Aaaa la conch... Aquí cagué, me quedé abajo del vuelo" pensé inmediatamente. "Señor, mi vuelo está por salir, ¿tiene que hacerlo?" "Es procedimiento de rutina, salió seleccionado al azar. No es mi cupa que esté tan atrasado. Vamos, mientras antes terminemos, antes puede ir a tomar su avión". Me hizo pasar a un pequeño cuarto con unas máquinas extrañas. Tomó mis datos, mi pasaporte, mi carné y me hizo poner en la máquina. Me hizo pasar hacia el frente, hacia el lado, me pasó un detector de metales por todo el cuerpo. Al final me miró con cara de sospecha, pero me dio de vuelta todas mis cosas y agarrándome el pantalón (ya que el cinturón lo llevaba en la mano) corrí a encontrarme con mis amigos. Por suerte aún no terminaban los otros de pasar por policía y una vez estuvimos todos listos, corrimos como si no hubiese un mañana. Creo que llegamos al último llamado, pero lo logramos.

  Entramos al avión y vi a Luisa, la saludé con la mano y una sonrisa y seguí a mi asiento que estaba unas filas más atrás. Ahí los cuatro, agitados por la corrida y aún borrachos, nos sentamos y pudimos relajarnos. Bueno, hasta que empezó a volar el avión. No supe cuándo, pero en algún minuto me quedé dormido. Desperté solo con la comida que nos estaban sirviendo. Fue un buen vuelo, a pesar de un par de turbulencias y el mareo propio del alcohol en mi sistema. Al final llegamos a Chile y nos dispusimos a buscar nuestras maletas. Y aunque ya había encontrado la mía seguía buscando, pero la buscaba a ella, a Luisa. Se supone que se iba a encontrar con una amiga, así que debía estar todo bien. Nos vimos antes de pasar por el SAG, pero una vez que estuvimos afuera nos encontramos con el papá de Aldu que nos había ido a buscar. Miré para atrás, pero supongo que por las grandes maletas que traían Luisa y Elena se iban a demorar. Como nos iban a llevar a todos no podía darme la atribución de pedir que esperásemos más, así que me resigné a no despedirme apropiadamente de Luisa y nos fuimos. En el camino, sin embargo, le mandé un mensaje, ya habíamos compartido nuestros facebook en la cena de la primera noche en el hotel, por lo que no fue algo tan raro.

Una pena que no nos hayamos despedido! 
Pero bueno, espero que estés bien en tu 
nueva casa y que te guste Santiago jaja

Eso dio pie a una pequeña conversación en la que la invitación a carretear fue confirmada. Al menos por ahora seguíamos siendo sus únicos amigos chilenos. Pero ya, al fin en casa luego de nueve días en Perú, lo único que quería era ponerme cómodo y acostarme (a pesar de que esa cama del Meliá supera por muchos niveles a la mía). Con esa nueva amiga en mente y pensando en los días que vendrían, me acosté a dormir.

Continuará...




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Hola, yo de nuevo :)
Nada mucho que decir. Estoy terminando mi aplicación, pero me tenía que dar el tiempo de hacer esto también. Hoy fue la despedida de mi hermana en la casa de mis abuelos. El martes se va a Buenos Aires por un mes y medio a hacer unos cursos de lencería y no sé qué otra cosa. La voy a echar de menos :c
Pero bueno, ¡espero que les esté gustando la historia! Ya terminó la primera parte, pero aún no llego a lo más importante. Aunque, en cierto modo, todo lo que pasó fue importante. Es más, si no fuese por esa sobreventa y que todos aceptáramos lo del hotel, nada hubiese pasado. Así que, ¡gracias Avianca!
Y ahora sí que sí, si no entienden algo, quizás esto sea de ayuda: http://www.mainframe.cl/diccionario/diccionario.php

Eso, chau :D

Pato.

PD: 75 días y contando.